martes, 18 de diciembre de 2007

Terra Meiga.


Muchas cosas me sorprendieron al momento de conocer Galicia, su gente, sus montes, su mar, su verde profundamente verde, su historia, y por supuesto, su magia. Terra Meiga, le dicen, y vaya que es así.

Rastros de antiquísimas religiones paganas dados en sus castros regados por la campiña, su Pedra da Serpe, sus siempre presente Cruceiros, y sus leyendas mágicas, me daban la pauta de que esa tierra era un sitio poblado aún por hechiceras y duendes.

Y que una sabia viejecita centenaria, de luto perpetuo, y ojitos vivaces y azules, me advirtiera sobre los peligros de visitar ciertos lugares, no hizo más que reforzar esa idea.
Clemencia, así se llamaba ella, mantenía en su lúcida mente, intactas mil historias de brujas, pueblos enteros enterrados por la arena caída desde los cielos por dioses enojados, o embrujos y maleficios.

Más que aldea, el caserío de ese rincón de Galicia, muy cercana a la Costa da Morte, donde nuestros parientes vivían, y donde pasamos ese enero inolvidable, tenía todas las comodidades que el progreso puede ofrecer a los habitantes de la Europa moderna, pero esto no evitaba que todas las noches José, el yerno de Clemencia, subiese la pendiente del cerro a buscar el agua de un manantial que brotaba en una fuente construida ya nadie sabía cuando.

Y así, todas las noches me iba acompañando a José, caminando por el sendero oscurecido por la noche, escuchando historias en gallego, sobre hambrunas lejanas y desarraigos modernos. Con casi todos sus hijos, trabajando en Suiza o Alemania, descargaba en mí su sabiduría de generaciones, que yo agradecía al escucharlo en silencio

Cierta noche, después de la cena, Clemencia, la viejecita de que les hablaba, me preguntó si no me cansaba de acompañar a José a su manantial todas las noches, le contesté que no, y más aún, tenía pensado algún día trepar los cientos de metros que separaban la fuente de la cumbre del monte, para divisar desde allí los alrededores.

Clemencia se hizo la señal de la cruz y me pidió encarecidamente que no fuera, que esa era morada de brujas y demonios. Me contó que en la cima de aquel monte, una roca circular, oficiaba de altar donde las brujas llevaban a cabo sus rituales infernales.

Por supuesto que mi ignorancia, llevó a que desoyera los sabios consejos de la abuela, y que, luego de subir por una escarpada senda durante un buen rato, me diera el gusto de observar no solo la aldea allá, muy debajo de donde yo estaba, sino también, el mar con sus rías que reflejaban el sol mañanero a lo lejos.

Una sola cosa podría haberme protegido de mi impertinente visita al lugar donde en ciertas noches de luna llena, los pobladores más viejos del caserío juraban haber visto el resplandor de las fogatas y las sombras espectrales de las brujas en sus danzas.

Algunos días después, frente a mí, un enorme cuenco de barro con tres patas, ardía con un fuego azulado, dentro, una mezcla de aguardiente, azúcar, granos de café y cáscaras de limón, se mezclaban en una misteriosa alquimia que me asombraba.

Junto a unos pequeños recipientes también de barro, con un pequeño apéndice de donde asirlo, un conjuro en gallego nos era entregado para recitar luego de que consumiéramos el mágico brebaje.

Y este fue el segundo error por mí cometido, beber la Queimada, como si de un simple trago se tratara, desestimando su poder mágico, conocido por genraciones, y peor aún sin recitar a la luz de la luna su efectivo conjuro, que me hubiese protegido de tantos males futuros…

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras.
Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello……

2 comentarios:

Pagana dijo...

Me recontraréqueteencantó!

Cuénteme más de la mágica tierra y yo invocaré a las fuerzas de aire, tierra, mar y fuego, para que protejan su espíritu!

Un abrazo enorme!

Jota E dijo...

Ves?, ahora que una Sacerdotisa Pagana invocara a las fuerzas de la naturaleza para alejar las brujas, brujos, conjuros, maleficios y maldiciones que han encontrado a mi espiritu desguarnecido, dormire mas tranquilo.
Un abrazo.