
Casualidad
Extraño fenómeno
Normal anormalidad
Estadística hecha añicos
Probabilidades para el apostador
Y todo conspirando
Para que lo improbable fuera posible
Para que no funcionaran las ecuaciones
Y todo se diera a nuestro favor
Lo que no debería ser
Lo que sería imposible que sucediera
Se dio una noche cualquiera
Cuando se quebró la realidad
Y lo imposible se hizo encuentro
Casualidad
De la mano del azar
Cruzamos juntos el Rubicón
Y supimos que la suerte estaba echada
Cuando un encuentro imposible
Se transformó en amor
sábado, 17 de abril de 2010
Casualidad.
domingo, 4 de abril de 2010
La violeta aprisionada.

La luz entrando por el ventanuco que hace tanto me parecía enorme, crea millones de pequeñísimas luciérnagas en ése mágico altillo olvidado pero querido, con sus paredes que atesoran mi niñez y se niegan a entregarla. Allí viven, y algún día morirán, mis ilusiones marchitas y mis fantasmas más amados.
Libros sobre libros, cajas empolvadas de recuerdos y añoranzas. Aromas resurgiendo desde las desaparecidas horas del pasado. Jóvenes manos de antaño separadas de mis manos por décadas de amores y esperanzas, que soñaron con mis sueños, y que hojearon estos mismos poemas.
Y entre las hojas amarillentas y resecas, una flor ha dejado su aroma en un fenecido recuerdo enamorado, y su desteñido color en el papel hoy amarillento que alguna vez las blancas manos del amor acariciaron sin pensar siquiera en lo efímero de la vida, en lo certero de la muerte.
Misteriosa y vieja violeta intentando guardar el recuerdo de un gran amor, aprisionada entre aquel pasado de vida y este presente de olvido dormitando entre las hojas del libro polvoriento. Cumpliste con tu función fecundante, más no con el dorado polen de tus anteras, sino con la roja pasión de dos corazones que ya no laten. Amores de mis abuelos: principio de lo que sería mi propia historia.
viernes, 5 de febrero de 2010
Nubes.

Las nubes en lo alto se dejaban arrastrar por la brisa primaveral del oeste, moviéndose como medusas llevadas por las suaves corrientes de la costa. -Mirá, mirá, allá va una con forma de elefante- me dijo Betty señalando a la más corpulenta del grupo.
La tardecita iba llegando a su fin, las bandadas de pájaros allá lejos volaban como las nubes, sin darse cuenta de la sana envidia que nos provocaban esos seres sin fronteras ni horarios ni historias, y con la mágica capacidad de volar con sus propias alas.
-Algún día aprenderé a volar como esas nubes, ¿sabés?-, la voz de Betty sonaba con la convicción de las cosas posibles. La miré con ternura, al tiempo que me señalaba una nube que se trasmutaba ante nuestros ojos: era una cigüeña cuando comenzamos a prestar atención a ella, y ahora parecía una jirafa con su cuello estirado, tratando quizás de llegar a las hojas más tiernas de alguna imaginaria acacia…
La quietud y soledad del parque de siempre me invitaba a tirarme sobre el césped descuidado, lleno de flechillas crecidas y en el cual pequeñitas langostas verdes saltaban de un lado al otro. Cuantas veces había sido éste nuestro observatorio celeste, cuántas veces, nuestra propia y compartida fábrica de sueños.
Sentía en mi espalda los pinchazos de mil briznas de pasto que atravesaban mi camisa, y a mi lado la ausencia siempre presente de Betty. Entrecerré mis ojos debido al resplandor de la siesta y una a una comenzaron a pasar allá, entre los planetas y los pájaros volando, las blancas figuras que se trasmutaban y viajaban lentamente cual medusas en un mar tranquilo.
Los blancos copos fueron un árbol bastante desgarbado primero, luego un caballo con una gran cola y más tarde el Uruguay entero que se transformaba poco a poco en un corazón a medida que cruzaba el cielo desde el este hacia el poniente.
Una bandada de pájaros, hija tal vez, de la bandada que tanta envidia nos provocara en otra tardecita de presencias ausentes, volaba con indiferencia y naturalidad allá arriba, al tiempo que una nube con forma indefinida comenzaba a transformarse poquito a poco en la hermosa e inconfundible cara de Betty.
La brisa se volvía poco a poco en viento moderado que movía las hojas de los árboles y los recuerdos de mi cabeza, y allá arriba, Betty, la nube, se transformaba inevitablemente en blancos copos de algodón cada vez más pequeños y traslúcidos, que volvían a desaparecer en la profunda inmensidad del cielo de otoño.
jueves, 17 de diciembre de 2009
La risa remedio infalible.

Las oportunidades de El Gran Taylor poco a poco se iban desvaneciendo, y él bien lo sabía. Acosado por sus acreedores, y por su representante, veía como año a año su popularidad iba decayendo, y otra vez volvía a ser un desconocido para el gran público. Lejanos eran los tiempos en que su nombre brillaba con luz propia en las marquesinas de Las Vegas.
Sentado tras un destartalado escritorio, en una destartalada pieza de un condominio de mala muerte, El Gran Taylor se apuraba en terminar su última rutina. La definitiva, la mejor, la que lo catapultaría nuevamente de los oscuros bares de comediantes de los barrios bajos, a los grandes teatros de Broadway y Las Vegas.
Luego del punto final, el comediante comenzó a leer su obra recién terminada. A medida que lo iba haciendo, una leve sonrisa comenzó a dibujarse en su boca, sonrisa que fue transformándose en una estrepitosa carcajada que El Gran Taylor no pudo dominar. Se levanto de su silla e intentó llegar a la nevera, quería tomar un vaso de agua y recuperar su aliento, pero fue imposible.
A modo de una catarata de su garganta brotaba la más estruendosa de las risas, y una serie de convulsiones hizo que cayera al piso, del que ya no pudo levantarse, pues un derrame masivo en su cerebro lo dejó muerto, tirado en el piso sucio de la habitación.
Benjamin Smith sintió un escalofrío al bajar del autobús en aquella zona tan peligrosa de la ciudad. Tenía que caminar un par de cuadras hasta el hotel donde El Gran Taylor vivía.
Malhumorado, recordaba los buenos tiempos en que su representado era la mina de oro de su agencia de actores. Ahora, ya casi en la ruina, tenía que rogar a los productores por algún papel menor para su representado.
Benjamin saltó por sobre el cuerpo de un borracho que dormitaba a la entrada del viejo edificio y entró. Subió hasta el segundo piso y tocó un par de veces en la puerta marcada con el número 2c. Nadie contestó, insistió nuevamente y probó de abrir. La llave no estaba puesta por lo que se metió sin dudar, Taylor le había prometido una obra genial, y él, aunque bastante descreído, igualmente iba a buscarla con algo de esperanza. Pero al ver a su derredor, lo que vio lo dejó petrificado, su representado estaba tirado muerto, con un papel en sus manos.
El representante se persignó, tomo el papel arrugado de entre los dedos fríos de su representado y ni bien comenzó a leerlo pensó que estaba ante una obra maestra del humor universal. A medida que iba leyendo, las lágrimas provocadas por la risa continua le nublaban la visión, y un agudo dolor en el lado izquierdo de su cuerpo hizo que Benjamin se encogiera. Las carcajadas no paraban, esto era lo más cómico que había leído en su vida, se dijo con el poco aliento que aún le quedaba. Y fue lo último que logro decir. Un masivo ataque cardiaco, provocado por el esfuerzo, lo dejo tirado tieso y con un rictus a modo de felicidad en su cara.
La señora Morales, solo se aparecía cada veinte o treinta días, acomodaba un poco el desorden, barría la mugre acumulada, y luego se iba con sus pocos dólares ganados en el bolsillo de su campera gastada, a veces, sin siquiera cruzar palabra con el dueño de casa.
Como tenía llave del pequeño departamento, estaba acostumbrada a no tocar a la puerta jamás. Así que abrió directa y cansinamente y al entrar le espantó la visión que tuvo.
Sobre el piso del pequeño lugar los cadáveres de dos personas hacían juego con el amasijo de papeles, botellas vacías y colillas de cigarrillos desparramados por el suelo.
En un gesto casi automático, metió su mano en el bolsillo de su pantalón, buscando instintivamente el celular para llamar a las autoridades, pero algo le llamo la atención, entre las manos de uno de los hombres había un papel arrugado.
Quizás sea algún documento importante pensó la señora Morales, quizás pueda hacerme de algunos dólares con el. La cara adusta y seria de la señora de la limpieza comenzó a cambiar poco a poco a medida que leía el genial chiste. Tuvo que sentarse al borde de la cama pues la risa desbocada no le permitía mantener el equilibrio.
El olor nauseabundo que se sentía al pasar frente al departamento de El Gran Taylor, alertó a los vecinos de que algo siniestro estaba sucediendo. La policía ni tuvo que derribar la puerta, y ya adentro, el oficial a cargo, luego de redactar su informe tuvo el tiempo suficiente, antes de que vinieran los paramédicos a levantar los cuerpos, de leer el papel que la mujer tenía aprisionado entre sus manos.
La ambulancia estacionada a las puertas del viejo edificio, esperaba refuerzos, jamás pensaron los paramédicos que serían cuatro los cuerpos que debían trasladar esa tarde a la morgue.
El Gran Taylor no estaba tan equivocado, cuando entusiasmado le prometía a su agente una rutina que haría morir de risa a la audiencia.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Apocalipsis infinito.

Las 7.15 a.m. el despertador de Marcel retumba en la habitación oscura, aunque sin lograr su cometido. Marcel ya se encontraba despierto cuando el reloj anunciaba su hora. Hoy era el gran día por el cual había estado esperando los últimos diez años. El acelerador de partículas mas grande jamás construido, alcanzaría al fin la temperatura óptima de funcionamiento, algo mas de doscientos setenta grados centígrados bajo cero.
Después de tanta preparación, luego de tanta ansiedad el experimento que Marcel consideraba el más importante en la historia de la física moderna, estaba por llevarse a cabo.
En el inmenso tubo con forma de anillo, un haz de electrones viajando al noventa y nueve por ciento de la velocidad de la luz, se preparaba para colisionar con otro haz disparado desde el extremo opuesto. Los potentes electroimanes superenfriados ajustaban cada vez más las trayectorias. Marcel entrecerró los ojos y aguardó, en algunos minutos se sabría al fin si el misterioso bosón de Higgs, la esquiva Partícula de Dios, realmente existía.
Al fin las partículas subatómicas se encontraron en medio de una fugaz micro explosión, al tiempo que las pantallas de los sensores fulguraban con cientos de trazos de energía generadas por la colisión.
Marcel se recostó en su silla, y una extraña sensación lo invadió por completo. Algo no andaba bien, por enésima vez durante este día, se sentó frente al monitor y comenzó a chequear los resultados del experimento. Aún no estaba claro que había surgido de todo esto. Los indicadores mostraban que algo más que simples partículas estaban emergiendo en el colisionador.
Pero en un instante no mayor a una millonésima de segundo, Marcel y sus pensamientos desaparecían para siempre, como para siempre desaparecía todo lo que le rodeaba. El jamás sabría que lo que los sensores detectaron tras la colisión eran los restos de un universo infinitamente pequeño que la máquina acababa de destruir.
Y jamás lo sabría pues, otro científico, infinitamente mayor que el, con una maquina infinitamente mayor y poderosa, creyendo destruir una partícula subatómica, en realidad acababa de destruir el propio Universo de Marcel, mientras buscaba la enigmática y esquiva Partícula de Dios, en el mayor acelerador de partículas jamás construido en su planeta.
jueves, 29 de octubre de 2009
Brumas.

Brumas que ocultan lo que no existe
Caídas libres: despertares violentos
Mares oscuros que reclaman mi carne dormida
Figuras que escapan entre las sombras
Y ese perfume persistente que queda en la oscuridad flotando
Perfume de amores que podrían haber existido
En vidas vividas en mundos oníricos y etéreos
Llenos de ángeles, poblados de demonios
Y del cual yo siempre escapo
Al amanecer escapo…
martes, 20 de octubre de 2009
Ultimo día juntos.

Ultimo día juntos
Tu mano y tu mirada en la mía
Con el deseo flotando entre ambos
Ahí, en esa mesa, deseándote a más no poder
Estoy frente a vos
Agazapado esperando, como un león a su presa
Como la tierra reseca mirando al cielo
Esperando por la lluvia fecundante y fresca
Te miro, y te espero, y el mundo no existe
No existe nada fuera de tu cuerpo
Ultimo día juntos
Te tengo allí enfrente
Solo una mesa nos separa
Pero las ganas nos unen, más que nunca
Me hablás, te hablo
Y siento tu aroma, que me envuelve,
Me marea
Me enciende por dentro
Provocándome, excitándome, enloqueciéndome
Ultimo día juntos
No te lo digo amor, pero te das cuenta
Que quiero poseerte, y que me poseas
Estiro mi mano para tocarte, tibio preámbulo
De cuando con toda mi piel
Acaricie todo tu cuerpo
No puedo aguantarme, sabes?
No puedo
Te quiero ya mismo en mi cama
Ya mismo quiero ser tu dueño
Y que, como mi dueña, conmigo hagas lo que quieras
Ultimo día juntos
No puedo esperar un minuto
Dejamos atrás la mesa
La cama nos espera
Al fin llegamos, al fin
Como una rosa que abre sus pétalos
Te me abrís entre mis brazos
Y te devoro, como a una fruta madura
Dulce y tierna que invade mi boca hambrienta
Quisiera tener mil manos y un millón de labios
Para utilizarlos en tu placer, en el nuestro
Ojalá este momento sea eterno que no exista la distancia
Que no existan las partidas
Ni los miedos
Ultimo día juntos
Mi boca come la tuya, desesperadamente
Locamente
Mis manos te recorren
Explorando, deleitándose
Con la curva de tu espalda
Con la tibia humedad de tu sexo
Mientras mi boca se extasía con la dulzura
De tus divinos pechos
Siento tus gemidos y yo mismo me siento
Ultimo día juntos
Te penetro y la vida vuelve a mi cuerpo
Nunca me sentí tan hombre
Como cuando sentí tu placer invadiendo mi sexo
Te penetro, y te beso
Y comprendo que hacer el amor no solo es placer físico
Es, sobre todo amor, ternura, cariño y fuego
Recién contigo lo entiendo
Y acabo, y al cielo asciendo
Y allí, con tu orgasmo, me estás esperando
Con tu cuerpo empapado de satisfecho deseo
Ultimo día juntos
Nos vamos, por un mar de sábanas desordenadas
Entre ojeras y besos
Que terrible bajar a la tierra
Luego de estar un instante en el cielo
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Espejismos.

En el verano, sobre las carreteras recalentadas por el sol, creemos ver agua donde solo el asfalto existe. Espejismos que nos confunden, visiones que parecen estar allí, más cuando llegamos a ellas se esfuman en el aire.
Como en el aire se esfuman los espejismos de nuestras vidas. Cosas que perseguimos con ahínco, a veces por años, y que cuando las obtenemos, caemos en cuenta que no era lo que creíamos que eran. Corremos tras las visiones, nos esforzamos en busca de los espejismos, y por lo general, la decepción y el vacío es lo que encontramos al final de esa búsqueda.
Es que el hombre de hoy está viviendo más en función de sus sueños, que de sus necesidades, y esto no sería malo necesariamente. Pero sucede que por lo general esos sueños no son propios, son impuestos. Hemos dejado de buscar la felicidad donde realmente existe, para buscarla donde otros nos dicen que existe.
Y sucede que muy dentro de nosotros allí donde no llega la propaganda de los medios que nos incitan al consumo desenfrenado, ni las enseñanzas de los gurúes o los falsos profetas de la vida, vive latente la plenitud y la felicidad. Bastaría solamente con escuchar nuestro corazón para descubrir esa riqueza interior y despertarla de su latencia.
Y una vez descubierto esto veremos que no es necesario vivir los sueños ajenos para ser feliz, que solo seremos plenamente felices cuando nos aceptemos tal cual somos, sin aditivos externos, sin búsquedas frenéticas de los sucedáneos de la felicidad.
En definitiva, cuando aceptemos que no necesitamos comprar el bienestar, que éste puede estar esperando en nuestro interior, y que puede despertar de su letargo con el simple hecho de amar, o de sentirse bien con uno mismo.
En un mundo cada vez más material, en una sociedad cada vez más competitiva y masificada, se nos enseña a cada instante que es más fácil correr en pos de los sueños de las masas. Pero todo sueño que no nos pertenezca, que sea forzado por intereses que no son nuestros, no deja de ser simples espejismos.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Una noche en la rambla solitaria.

Todo está en serena calma. Desde el mar cercano, la brisa fría trae desde la profundidad de la noche, aromas de brumas, espuma y sal, presagiando alguna tormenta lejana. Sobre el horizonte, la luna que se refleja sobre las aguas del Rio de la Plata nos acompaña, mientras caminamos por la rambla solitaria.
Mi brazo en tu cintura, trata de aprisionar para siempre este momento, aunque tu triste sonrisa me dé a entender que será difícil espantar tus soledades y tus miedos.
Por un instante te miro, y el mundo a mi alrededor desaparece, y comienzo a entender, que de tu mirada es que brota la luna, el mar y la vida. Que es tu sonrisa la que tachona de estrellas la noche, mientras que el arrullo de olas lejanas que golpean sobre la arena fría, no es más que el arrullo de tu voz que embriaga mis sentidos.
Nada fuera de tu cuerpo existe y fuera de tu sonrisa nada tiene sentido. Te miro y comprendo que es en vos que vive mi Universo, y palpita mi vida.
Ha pasado el tiempo, y recién ahora, que no te miro, compruebo que el frío sigue presente, la luna esta lejana e inalcanzable, y el mar seguirá siendo un sitio misterioso y frío, que sigue esperando mis soledades.