jueves, 21 de febrero de 2013

Un día de éstos.

Un día de éstos Me levantaré de la mesa Y algunos minutos después Caminaré rumbo a la tumba de cada noche. Pensaré en mi vida y en la tuya En nuestros hijos y su futuro Daré mi primer vuelta en la cama Y te oiré respirar a mi lado, como siempre. Me levantaré en medio de la penumbra, como otras veces Esperando que las horas atraviesen la noche. La noche de ambos. Un día de éstos Como un ritual mágico el agua purificará mi cuerpo Pero no habrá ritual que purifique mi alma. No hay ritual capaz de purificar el alma dueña de un corazón cobarde. Un día de éstos Pensaré en las alegrías que se escaparon Por las rendijas de los años. Pensaré en amores quemados en rutinas y mentiras Y en amores verdaderos y profundos Que no tuvieron la valentía de dejarlo todo y florecer. Un día de éstos Me levantaré y la mesa estará vacía Hambrienta de panes y risas, Como hambrienta de amores estará la cama Que cobijará con tristeza a un hombre que lo ha perdido todo Los amores encendidos, y los amores apagados. Uno de estos dias Seré capaz de entender el daño provocado Y anhelare recibir la muerte Para hacerle el amor sobre mi cama, Y que dulcemente me lleve donde merezco estar ahora.

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viernes, 6 de abril de 2012

Por no quedarme junto a la parrilla.


La reunión estaba entretenida, el asado en la parrilla era un punto de encuentro de los hombres, que hablaban de que?, pues de mujeres, deporte y política, como debe ser, como siempre ha sido. Las mujeres, por otra parte discutían sobre las cuotas femeninas en los cargos públicos unas, y del ultimo libro de poesía que habían leído las otras.

Yo, con un vaso de buen vino en mi mano, como buen bicho raro, fui tentado por Stephen Hawking a que lo viera en la televisión de 42 pulgadas de la sala que evidentemente fue pensado para otros menesteres un tanto más lúdicos.



Hawking en una interesantísima exposición trató (de una forma simple y amena) de convencer a quien lo viera de que antes de la Gran Explosión, no hubo nada. No hablo aquí de la nada a la que estamos acostumbrados los humanos, hablo de la nada como ausencia de todo, hasta de espacio y tiempo, nada de nada.

La creación del Universo a partir de una generación espontánea!!, el todo creado a partir de la más completa ausencia de cosas, energías o leyes!!. Y con esto la reflexión del Físico: si no se tuvo que crear lo que hoy existe, ¿qué razón tendría que tener un Creador?, o dicho de otra manera, ¿en que parte de la gran ecuación entraría un dios, si no hubo necesidad de él?.

Pero Hawking fue mas allá aún, no solo venimos de la nada, de las ausencias, de los vacíos, sino que inexorablemente hacía allí vamos también. Pues si nada hubo antes, ¿por qué tendría que haber algo después?. Y si las leyes se aplican a todos los órdenes de, perdón casi digo de la vida, bueno si se aplican a todo, ¿no tendría acaso que haber nada después de nuestras propias existencias?.

Y ahí fue donde mi humanidad fue sacudida desde sus cimientos. Puedo llegar a entender que mis huesos o mis sentimientos estén formados por materia y energía que hace mas de catorce mil millones de años ni siquiera existían. Puedo entender perfectamente la ausencia de Dioses creadores de cielos y tierras, pero de ahí a entender que todo, o quizás debería decir Todo este condenado a las inevitables y destructivas leyes que nos impone la Entropía...

¿Entonces, cuál es la razón de la existencia del perro que oigo ladrar a la distancia, o del sol que veo brillar en lo alto?, ¿para que tantas y tantas ecuaciones, si al final solo servirán para demostrar su propia ausencia de continuidad?. ¿Acaso uno ama, sufre o lucha por el simple hecho de interpretar su papel en una obra que uno sabe de antemano se perderá en el mayor de los olvidos?.

“El asado está pronto” oí a alguien avisar en el patio. Fue ese el preciso momento en que pensé que quizás hubiese sido mas inteligente de mi parte, quedarme junto a la parrilla hablando de mujeres o política, y no pensar que un maravilloso momento con amigos, un buen vino y un tentador aroma a asado, están condenados inexorablemente a integrar la más increíble de las Nadas.

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jueves, 26 de enero de 2012

Sobre la Nada.


La Nada 1.

La nada me acaricia y me seduce
terciopelo de soledades y silencios
abismos de quietudes eternas
desde donde los dolores y las vanidades emigran
hacia la corpórea realidad de mi presente
hacia allá iré algún día a reencontrarme con mi ausencia
abandonando todo lo que tengo,
dejando por el camino un reguero de alegrías y miserias:
despojos de mi vida
pero no ahora, no en este momento
otras manos me acarician
otros ojos me seducen.
La soledad eterna puede esperar.


La Nada 2

La profundidad de la Madre Tierra me está esperando
hacia allí voy yo, el que ya no soy, el que alguna vez fuera,
el que amó y fue amado con pasión,
y mientras desciendo me siento renacer por completo
volviendo a su vientre fecundo y fresco
para alimentar a álamos y rosas
gusanos e insectos.
La comunion es total ahora,
me toca a mi ofrecer el cáliz de mi cuerpo
para entregarle a la nueva vida
mi carne, mi sangre, mis huesos.
Eterna rueda que gira incansable
eterna Madre que me recibe con sus brazos abiertos
Madre generosa que me toma por completo,
no para adueñarse de mi muerte,
sino para sentir al amor de nuevo
al entregarme a la vida
en aquella aterciopelada rosa,
o en el ave que levanta vuelo.
Ya no soy el que era,
pero mi semlla en mi Madre queda
germinando en amores y fresas.

La nada 3.

Ayer vi tu perfil junto a mi cama
Traslúcida belleza que me acompañaba
En esa hora decisiva, en ese momento intranscendente
Afuera seguían agitándoselas hojas del viejo arce
Y una pareja de enamorados enlazaban sus manos,
Pensando quizás en lo eterno de su amor,
En lo imposibilidad de lo efímero.
Afuera el mundo intentaba reivindicarse con la vida
Más sin dar batalla a la muerte, como debe ser
Como siempre ha sido.
Y tu perfil ay! tu perfil,
Quebraba su simetría con una lágrima
Que huyó presurosa de tu mejilla
Para venir a posarse en mis vanas esperanzas.
Que sería de mi mirada mañana pensaba?
Tu perfil seguiría traslúcido y hermoso,
Quizás resignado y cansado, si, pero vital y hermoso.
Pero reflejado en una mirada extraña, ya no la mía.
Ayer, la vida se me fue mientras te miraba
Hoy nada de mi queda
Ni el recuerdo de aquella lágrima
Que la simetría de tu perfil quebraba.

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jueves, 29 de diciembre de 2011

Hasta siempre viejo compañero.

A veces pienso en las extrañas relaciones que construimos los humanos, en los cariños y lazos que creamos con lo que nos rodea, y en especial en esos regalos que nos hace la vida cada tanto, cuando el cariño y los lazos los construimos alrededor de una mascota…

Fue, estoy seguro, el mejor regalo que recibió mi hija aquel día: un perro.
Una pequeña bola de pelos blancos como el algodón y manchas de dulce de leche, un hocico negro como una trufa y una mirada de sorpresa, igual a la de un niño al despertarse en un día de Reyes. Era tan pequeño, tan indefenso, pero a su vez tan independiente y soberbio haciéndose notar con sus pequeños y agudos ladridos de cachorro…

Y así, con su carácter, su figura y sus mañas fue que nos conquistó a todos, siempre fue especial y lo supo, tanto que en nuestros paseos, jamás me permitió ir delante de él. Irnos de paseo era toda una aventura, ni bien oía el tintinear de la hebilla de su correa, alzaba su peluda cola y mostraba su alegría inmensa. Claro la correa era solo un adorno que llevaba al cuello para mostrar su patente, pues no era amigo de que nadie lo guiara en sus caminatas.

Cuantos recuerdos me vienen a la mente ahora, cierro los ojos y lo veo correr a la orilla del mar, evitando mojarse las patas, como buen perro delicado que era, o cuando reclamaba su bocado por medio de esos ladridos bajitos y graves con los cuales vaya que se hacía respetar.

Pero aquel viernes ya no ladró exigiendo su parte de la cena, es que de tan viejo había gastado casi toda la vida, ya poca le quedaba, y ni fuerzas tenía ya para moverse. Murió mientras sorbía un poco de leche de una cucharita, serenamente, sin aspavientos ni avisos.

Hoy su cuerpo viejo y cansado reposa frente al lugar de sus viejas correrías. El viento nocturno mientras acariciaba mi rostro me repetía que ahí estaría bien, que ese era el lugar que el hubiese elegido, y continué entonces cavando…

Han pasado los días pero hay veces en que al levantarme de mi silla, miro instintivamente hacia abajo, por miedo a pisarlo, y al ver su cucha solitaria, un enorme sentimiento de vacío y gratitud invade mi alma.

Hasta siempre Toffy, mi querido compañero, gracias por todo lo que nos diste.

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martes, 25 de octubre de 2011

Nada ha cambiado.

Nací a menos de diez años de concluida la Segunda Gran Guerra, era un niño cuando aún resonaban los lamentos de Auschwitz-Birkenau y aún olía a muerte en Hiroshima. Seguía siendo demasiado joven cuando el napalm devoraba la carne humana en Vietnam y las bombas de racimo seguían matando niños por el mundo.

El planeta sufría los dolores de parto, pensábamos entonces, es la humanidad que está despertando de su sueño letárgico. La Era de Acuario estaba asomando en el horizonte y tanto sufrimiento, tanto drama, tanta maldad era el precio que pagaba el hombre por renacer y ser al fin el Hombre Nuevo.

Pero el “Haz el Amor y no la Guerra” quedó adormecido entre las volutas de marihuana y la sicodelia de los sesentas. El muchacho de pelo largo y ropa extravagante se dio cuenta muy pronto que no podía escapar del sistema, y prefirió entonces seguir perteneciendo a la manada. Cambiaba así su pelo largo por la corbata y el “Haz el Amor y no la Guerra” por el “Hazte millonario antes de los 30”.

Nos dimos cuenta entonces que por mucho que nos doliera, no bastaba con las buenas intenciones para cambiar el mundo, y que no había Era de Acuario capaz de ganarle a la locura deshumanizante del capitalismo. Y el Mayo Francés fue la inspiración entonces. Los “No nos Moverán” y “Obreros y Estudiantes Unidos y Adelante” sustituyeron al “Paz y Amor” y los dedos en V ya tuvieron otro significado.
Pero la utopía fue arrasada, desapareció de la mano de decenas de miles de desaparecidos, torturados, masacrados. Y como todo pasa y nada es eterno, hoy la vergüenza desentierra cada tanto los huesos de algún luchador muerto en un cuartel de turno.

Y nada cambia, nada ha cambiado, ni el pelo largo, ni los puños en alto han logrado cambiar al hombre. La séptima parte de la humanidad seguirá pasando hambre extrema y los nuevos sheriffs del mundo se horrorizarán ante la muerte de un dictador a manos de unos bárbaros a los que ellos mismos colgaron la estrella de alguacil en el pecho.

Y ahora ni siquiera miramos hacia afuera, nos han anestesiado y no podemos escaparle a la dosis de consumismo y circo. Y lo peor es que estoy perdiendo las esperanzas.

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martes, 8 de marzo de 2011

Golondrinas.


Elevando mis ojos al cenit veo
Azabaches vivos surcando el cielo
Saetas negras
Delicadas bailarinas con alas de terciopelo
Gozadoras de la libertad suprema
Conocedoras de meteoros y fatuos fuegos
Que me relatan con sus danzas
Historias de lejanos vientos
Aquella me cuenta acerca del arcoiris
Gotas luminosas de rocío fresco
Pinceladas mágicas de duendes y elfos
Aquella otra me dice que te ha visto
Suspirando y mirando al cielo
Y yo le pido que me diga
Cuan azul y hermoso es aquel cielo
Para merecer la mirada
De la mujer de mis sueños
Y el ave me confiesa:
Es el más maravilloso y profundo azul
Que alguna vez haya visto
Aunque a veces se desagua en tristezas
Y otras brilla nostálgico
En las tardes tranquilas de enero
No te equivoques golondrina viajera
Lo que me estás describiendo
Son los lejanos ojos de mis sueños.

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viernes, 28 de enero de 2011

Mesas.


Las mesas vacias del viejo bar
náufragas como yo de la madrugada
se miran entre si, y me miran,
fijan sus ojos de aguardientes en mi,
cansados ojos llenos de pesadumbres

mientras sus cuerpos torturados por tantos codos
(hostales de sueños marchitos y esperanzas truncas)
se preparan para el sopor pesado del silencio
yo las miro,y acaricio sus cuerpos ajados
por tanta confesión sin sentido
por tanta lágrima y alcohol derramados
y ellas me miran
y me contestan en silencio sin decirme nada
pero diciéndomelo todo,
como desde tantos y tantos años atrás vienen haciéndolo.
Otro codo torturando sus cuerpos
otra confesión sin sentido en medio de la madrugada
clinc: la caja cómplice abre sus fauces
y el ruido de la avaricia me sobresalta
y pienso en cuanta soledad compran esas monedas
noche a noche, vida a vida
negociando la desesperanza por la estúpida paz del alcohol
y un dejo de amargura baja por mi garganta
quemándola con el fuego liquido que han comprado mis monedas
como antes mi padre lo hiciera
con sus monedas, tan diferentes de las mías, pero tan parecidas
y una lágrima furtiva escapa de mis silencios
clinc: la caja me despide de la nada
y miro por última vez las mismas mesas que vio mi padre
y siento pena por ellas,
la misma pena
que por mi padre siento ahora

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martes, 2 de noviembre de 2010

Lejanías.


Las lejanías son solo vacío entre dos almas
Oí a tu voz decir como en una plegaria de campanas
Que tañen tristes a la tarde llamando a las sombras
Y despertando de su letargo a los fantasmas

¿Pero como deshacer esas lejanías? Pienso
¿Como deshilachar esa trama de desesperanzas?
No se cómo, ni puedo:
Mis manos están cansadas
Ya no pueden con las ausencias
Ni se acostumbran a las distancias
Ellas solo saben como construir pasiones
Enredando tu cabello sobre tu espalda
O viajando por el desfiladero húmedo de tu sexo
En noches de luna clara

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jueves, 21 de octubre de 2010

El vampiro y yo, una historia casi verdadera.

Cerca de El Prado montevideano, en una avenida con enormes plátanos centenarios, está ese café viejo y destartalado. Todo en el es añejo y descolorido, con pisos de madera sucia y deslustrada, mesas gastadas y parroquianos de ojos entrecerrados como pensando en amores pasados y vidas perdidas. Hacía allí fui cierto día a encontrarme con E.

Confieso que hacía tiempo que quería tener una charla con él, ser misterioso y oscuro como pocos que había conocido, tenía el aspecto de haber vivido todas las experiencias y sufrido todos los males. Más, su apariencia centenaria y gastada no encajaba con la lucidez de su memoria y lo extraordinario de su inteligencia.

Cuando llegué al viejo café, él ya estaba sentado en una de las mesas más apartadas. El protocolo fue simple y corto, solo un apretón de manos, un mutuo “como está”, y comenzamos la charla (más confesión que charla) cobijados por la luz mortecina de unas lámparas que parecían estar siempre encendidas, pues en ese antro, la luz radiante del sol no tenía cabida.

El vino tinto de espeso cuerpo y procedencia desconocida calentaba mi garganta y lubricaba los recuerdos de E, que comenzaba su confesión en medio de aquella tarde un tanto bizarra y extraña para mi. Viéndolo en retrospectiva, confieso hoy que me sorprendió el hecho de creer a carta cabal la historia que E me contaba, quizás porque intuía que la tristeza que se veía en sus ojos no podría jamás ser creada en base a una mentira. Una voz áspera y quebrada comenzó entonces a contarme su secreto, y quizás era yo el primero en escucharlo.

Mi contertulio me miró fijamente y asumiendo que comprendería, me confesó que él era un vampiro. E adivinó mi sorpresa y aclaró de inmediato, no era un vampiro émulo de Nosferatu, no, a él no le atraía la sangre humana, la vida y juventud eterna se le concedía quitándoles a sus víctimas algo más preciado que su propia sangre: su capacidad de amar.
Sus víctimas, siempre mujeres jóvenes y hermosas, dejaban sobre su lecho de amante irresistible, algo más que las sábanas transpiradas.

Un parroquiano pidió una copa, yo me eché hacia atrás en mi silla y dejé que E continuara con su historia. – Si hay algo que sirva para mi defensa, le diré que no elegí ser así, para bien o para mal, heredé este poder – me dijo, - pero tarde comprendí que ésta había sido una herencia maldita. -

- Los años fueron pasando y me fui convenciendo a mi mismo en lo natural de todo esto. El mundo así funcionaba y estaba bien que así fuera, para nada me preocupaba el hecho de que el precio que pagaba por mi eterna juventud, era siempre pagado por otra persona.
No era conciente en ese momento que mi existencia acumulaba un debe considerable, y que llegado el momento, también yo debería hacerme cargo de tamaña deuda. -

- Y ese nefasto día llegó inexorablemente a mi vida de la mano de B. Ella, como tantas otras había caído presa de mis encantos, y como tantas y tantas alimentó con su placer mi deseo de una vida de goces eternos. -

- Pero B, y lo descubrí con el tiempo, era diferente, había en ella una llama interior, una luz perenne en su alma que hizo que este ser oscuro con el alma corrupta, volviera a comprender que lo único valioso en este Universo era el amor. -

- Y ahí comenzó mi desventura: mi egoísmo le había robado la capacidad de amar a la única mujer de la cual yo estuve profundamente enamorado. Los años pasaron y B con su cuerpo envejecido y con su corazón marchito fue de a poco acercándose a la muerte. -

- Eso fue hace mucho ya -, continuó contándome E, - y fue desde ese preciso momento que decidí morir yo también, ya no me importaba envejecer: nunca más le robaría su capacidad de amar a nadie, jamás volvería a cometer el mismo error –

Los ojos de aquel hombre se llenaron de lágrimas y pensé que era el momento justo para marcharme y dejarlo a solas con sus recuerdos. Afuera la calle brillaba con el sol de verano, las personas caminaban con sus vidas a cuestas, vidas que pensé, jamás serían vacías mientras la llama del amor brillara en sus corazones.

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jueves, 7 de octubre de 2010

Mariet

La luz, pensé yo, se había apagado para siempre, ya no alumbraría más con el fulgor de su alegría a los que tuvimos la suerte de conocerla. Pensé consumido por la rabia y la impotencia que la oscuridad había por fin ganado la eterna batalla.

Pero no, vaya que estaba equivocado, la luz sigue plena, inefable, viva, enquistada en cada corazón, brillando en cada una de nuestras vidas. Porque fue eso lo que Mariela nos legó para siempre, su luz, su brillo, su ternura de niña asustada, su solidaridad de corazón de leona abierto de par en par.

Gracias querida amiga por tu luz, por tu alegría por las ganas que ponías al querer hacer de este mundo un lugar mejor.

Gracias por recordarme que la muerte no puede, ni podrá jamás ganarle a la ternura.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

El buitre está esperando.

El buitre espera, el buitre está esperando
Que la vida por fin se rinda
Cansada de tanto olvido, seca de tanto llanto
Y que de una vez por todas escape de ese cuerpito flaco,
Que no supo de dulces sueños ni caramelos
Que solo conoció unos pechos marchitados
El buitre espera y en sus ojos hay cansancio
La muerte está retrasada y le molesta seguir esperando
Dos inmensos ojos niños lo miran y piedad le piden
Porque ya no hay fuerzas para seguir luchando
Pequeño de vientre hinchado
Millonario de moscas y gusanos
Al clavar sus garras sangrientas
En un continente hambriento y mutilado,
Otras aves de rapiña con su avaricia ya te habían condenado
Ay niño de vientre hinchado!
Antes de nacer ya estabas destinado
A un pecho flaco y a un buitre esperando

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viernes, 23 de abril de 2010

La lección de la abeja.


Hasta no hace mucho tiempo atrás, para algunos ingenieros aeronáuticos era técnicamente imposible que una abeja pudiera levantar vuelo. Los cálculos indicaban que en relación al peso del insecto, las alas eran demasiado pequeñas como para lograr sustentarlo en el aire, por si fuera poco, el cuerpo regordete no tenía la aerodinámica necesaria como para que la abeja pudiera volar.


Sin embargo las abejas seguían con el diario trabajo que la Naturaleza les había encomendado desde hacía milenios. No se amilanaron por el pensamiento racional de los científicos de turno, e ignoraron a los que intentaban demostrar mediante fórmulas matemáticas la no probabilidad de su tarea.

Y por más que los cálculos indicaban lo contrario, esta humilde trabajadora alada seguía encargándose de polinizar nuestros cultivos y de endulzar con su miel al mundo. En definitiva hicieron caso omiso de quienes intentaban explicar la imposibilidad de lo posible.

Historias como éstas las vemos todos los días, y vaya si las habremos enfrentado. A veces no nos animamos a levantar vuelo por el sólo hecho de aceptar como cierto el pensamiento lógico que intenta desalentar a quienes tienen metas o sueños presuntamente inalcanzables.

Uno debería darse un respiro más a menudo y detenerse un minuto a pensar en la lección que la humilde abeja nos estuvo dando todo este tiempo. Es así que deberíamos encarar los retos de la vida tal y como la colmena encara los desafíos que a los ingenieros les parecieron imposibles de cumplir.

Deberíamos más frecuentemente dejar la racionalidad un poco de lado, y en lugar de pensar como seres humanos actuar como abejas desconocedoras del significado de la palabra imposible.

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sábado, 17 de abril de 2010

Casualidad.


Casualidad
Extraño fenómeno
Normal anormalidad
Estadística hecha añicos
Probabilidades para el apostador

Y todo conspirando
Para que lo improbable fuera posible
Para que no funcionaran las ecuaciones
Y todo se diera a nuestro favor
Lo que no debería ser
Lo que sería imposible que sucediera
Se dio una noche cualquiera
Cuando se quebró la realidad
Y lo imposible se hizo encuentro
Casualidad
De la mano del azar
Cruzamos juntos el Rubicón
Y supimos que la suerte estaba echada
Cuando un encuentro imposible
Se transformó en amor

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domingo, 4 de abril de 2010

La violeta aprisionada.


La luz entrando por el ventanuco que hace tanto me parecía enorme, crea millones de pequeñísimas luciérnagas en ése mágico altillo olvidado pero querido, con sus paredes que atesoran mi niñez y se niegan a entregarla. Allí viven, y algún día morirán, mis ilusiones marchitas y mis fantasmas más amados.

Libros sobre libros, cajas empolvadas de recuerdos y añoranzas. Aromas resurgiendo desde las desaparecidas horas del pasado. Jóvenes manos de antaño separadas de mis manos por décadas de amores y esperanzas, que soñaron con mis sueños, y que hojearon estos mismos poemas.

Y entre las hojas amarillentas y resecas, una flor ha dejado su aroma en un fenecido recuerdo enamorado, y su desteñido color en el papel hoy amarillento que alguna vez las blancas manos del amor acariciaron sin pensar siquiera en lo efímero de la vida, en lo certero de la muerte.

Misteriosa y vieja violeta intentando guardar el recuerdo de un gran amor, aprisionada entre aquel pasado de vida y este presente de olvido dormitando entre las hojas del libro polvoriento. Cumpliste con tu función fecundante, más no con el dorado polen de tus anteras, sino con la roja pasión de dos corazones que ya no laten. Amores de mis abuelos: principio de lo que sería mi propia historia.

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viernes, 5 de febrero de 2010

Nubes.


Las nubes en lo alto se dejaban arrastrar por la brisa primaveral del oeste, moviéndose como medusas llevadas por las suaves corrientes de la costa. -Mirá, mirá, allá va una con forma de elefante- me dijo Betty señalando a la más corpulenta del grupo.

La tardecita iba llegando a su fin, las bandadas de pájaros allá lejos volaban como las nubes, sin darse cuenta de la sana envidia que nos provocaban esos seres sin fronteras ni horarios ni historias, y con la mágica capacidad de volar con sus propias alas.

-Algún día aprenderé a volar como esas nubes, ¿sabés?-, la voz de Betty sonaba con la convicción de las cosas posibles. La miré con ternura, al tiempo que me señalaba una nube que se trasmutaba ante nuestros ojos: era una cigüeña cuando comenzamos a prestar atención a ella, y ahora parecía una jirafa con su cuello estirado, tratando quizás de llegar a las hojas más tiernas de alguna imaginaria acacia…

La quietud y soledad del parque de siempre me invitaba a tirarme sobre el césped descuidado, lleno de flechillas crecidas y en el cual pequeñitas langostas verdes saltaban de un lado al otro. Cuantas veces había sido éste nuestro observatorio celeste, cuántas veces, nuestra propia y compartida fábrica de sueños.

Sentía en mi espalda los pinchazos de mil briznas de pasto que atravesaban mi camisa, y a mi lado la ausencia siempre presente de Betty. Entrecerré mis ojos debido al resplandor de la siesta y una a una comenzaron a pasar allá, entre los planetas y los pájaros volando, las blancas figuras que se trasmutaban y viajaban lentamente cual medusas en un mar tranquilo.

Los blancos copos fueron un árbol bastante desgarbado primero, luego un caballo con una gran cola y más tarde el Uruguay entero que se transformaba poco a poco en un corazón a medida que cruzaba el cielo desde el este hacia el poniente.

Una bandada de pájaros, hija tal vez, de la bandada que tanta envidia nos provocara en otra tardecita de presencias ausentes, volaba con indiferencia y naturalidad allá arriba, al tiempo que una nube con forma indefinida comenzaba a transformarse poquito a poco en la hermosa e inconfundible cara de Betty.

La brisa se volvía poco a poco en viento moderado que movía las hojas de los árboles y los recuerdos de mi cabeza, y allá arriba, Betty, la nube, se transformaba inevitablemente en blancos copos de algodón cada vez más pequeños y traslúcidos, que volvían a desaparecer en la profunda inmensidad del cielo de otoño.

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jueves, 17 de diciembre de 2009

La risa remedio infalible.


Las oportunidades de El Gran Taylor poco a poco se iban desvaneciendo, y él bien lo sabía. Acosado por sus acreedores, y por su representante, veía como año a año su popularidad iba decayendo, y otra vez volvía a ser un desconocido para el gran público. Lejanos eran los tiempos en que su nombre brillaba con luz propia en las marquesinas de Las Vegas.

Sentado tras un destartalado escritorio, en una destartalada pieza de un condominio de mala muerte, El Gran Taylor se apuraba en terminar su última rutina. La definitiva, la mejor, la que lo catapultaría nuevamente de los oscuros bares de comediantes de los barrios bajos, a los grandes teatros de Broadway y Las Vegas.

Luego del punto final, el comediante comenzó a leer su obra recién terminada. A medida que lo iba haciendo, una leve sonrisa comenzó a dibujarse en su boca, sonrisa que fue transformándose en una estrepitosa carcajada que El Gran Taylor no pudo dominar. Se levanto de su silla e intentó llegar a la nevera, quería tomar un vaso de agua y recuperar su aliento, pero fue imposible.

A modo de una catarata de su garganta brotaba la más estruendosa de las risas, y una serie de convulsiones hizo que cayera al piso, del que ya no pudo levantarse, pues un derrame masivo en su cerebro lo dejó muerto, tirado en el piso sucio de la habitación.


Benjamin Smith sintió un escalofrío al bajar del autobús en aquella zona tan peligrosa de la ciudad. Tenía que caminar un par de cuadras hasta el hotel donde El Gran Taylor vivía.
Malhumorado, recordaba los buenos tiempos en que su representado era la mina de oro de su agencia de actores. Ahora, ya casi en la ruina, tenía que rogar a los productores por algún papel menor para su representado.

Benjamin saltó por sobre el cuerpo de un borracho que dormitaba a la entrada del viejo edificio y entró. Subió hasta el segundo piso y tocó un par de veces en la puerta marcada con el número 2c. Nadie contestó, insistió nuevamente y probó de abrir. La llave no estaba puesta por lo que se metió sin dudar, Taylor le había prometido una obra genial, y él, aunque bastante descreído, igualmente iba a buscarla con algo de esperanza. Pero al ver a su derredor, lo que vio lo dejó petrificado, su representado estaba tirado muerto, con un papel en sus manos.

El representante se persignó, tomo el papel arrugado de entre los dedos fríos de su representado y ni bien comenzó a leerlo pensó que estaba ante una obra maestra del humor universal. A medida que iba leyendo, las lágrimas provocadas por la risa continua le nublaban la visión, y un agudo dolor en el lado izquierdo de su cuerpo hizo que Benjamin se encogiera. Las carcajadas no paraban, esto era lo más cómico que había leído en su vida, se dijo con el poco aliento que aún le quedaba. Y fue lo último que logro decir. Un masivo ataque cardiaco, provocado por el esfuerzo, lo dejo tirado tieso y con un rictus a modo de felicidad en su cara.

La señora Morales, solo se aparecía cada veinte o treinta días, acomodaba un poco el desorden, barría la mugre acumulada, y luego se iba con sus pocos dólares ganados en el bolsillo de su campera gastada, a veces, sin siquiera cruzar palabra con el dueño de casa.
Como tenía llave del pequeño departamento, estaba acostumbrada a no tocar a la puerta jamás. Así que abrió directa y cansinamente y al entrar le espantó la visión que tuvo.

Sobre el piso del pequeño lugar los cadáveres de dos personas hacían juego con el amasijo de papeles, botellas vacías y colillas de cigarrillos desparramados por el suelo.
En un gesto casi automático, metió su mano en el bolsillo de su pantalón, buscando instintivamente el celular para llamar a las autoridades, pero algo le llamo la atención, entre las manos de uno de los hombres había un papel arrugado.

Quizás sea algún documento importante pensó la señora Morales, quizás pueda hacerme de algunos dólares con el. La cara adusta y seria de la señora de la limpieza comenzó a cambiar poco a poco a medida que leía el genial chiste. Tuvo que sentarse al borde de la cama pues la risa desbocada no le permitía mantener el equilibrio.

El olor nauseabundo que se sentía al pasar frente al departamento de El Gran Taylor, alertó a los vecinos de que algo siniestro estaba sucediendo. La policía ni tuvo que derribar la puerta, y ya adentro, el oficial a cargo, luego de redactar su informe tuvo el tiempo suficiente, antes de que vinieran los paramédicos a levantar los cuerpos, de leer el papel que la mujer tenía aprisionado entre sus manos.

La ambulancia estacionada a las puertas del viejo edificio, esperaba refuerzos, jamás pensaron los paramédicos que serían cuatro los cuerpos que debían trasladar esa tarde a la morgue.

El Gran Taylor no estaba tan equivocado, cuando entusiasmado le prometía a su agente una rutina que haría morir de risa a la audiencia.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Apocalipsis infinito.


Las 7.15 a.m. el despertador de Marcel retumba en la habitación oscura, aunque sin lograr su cometido. Marcel ya se encontraba despierto cuando el reloj anunciaba su hora. Hoy era el gran día por el cual había estado esperando los últimos diez años. El acelerador de partículas mas grande jamás construido, alcanzaría al fin la temperatura óptima de funcionamiento, algo mas de doscientos setenta grados centígrados bajo cero.

Después de tanta preparación, luego de tanta ansiedad el experimento que Marcel consideraba el más importante en la historia de la física moderna, estaba por llevarse a cabo.

En el inmenso tubo con forma de anillo, un haz de electrones viajando al noventa y nueve por ciento de la velocidad de la luz, se preparaba para colisionar con otro haz disparado desde el extremo opuesto. Los potentes electroimanes superenfriados ajustaban cada vez más las trayectorias. Marcel entrecerró los ojos y aguardó, en algunos minutos se sabría al fin si el misterioso bosón de Higgs, la esquiva Partícula de Dios, realmente existía.

Al fin las partículas subatómicas se encontraron en medio de una fugaz micro explosión, al tiempo que las pantallas de los sensores fulguraban con cientos de trazos de energía generadas por la colisión.

Marcel se recostó en su silla, y una extraña sensación lo invadió por completo. Algo no andaba bien, por enésima vez durante este día, se sentó frente al monitor y comenzó a chequear los resultados del experimento. Aún no estaba claro que había surgido de todo esto. Los indicadores mostraban que algo más que simples partículas estaban emergiendo en el colisionador.

Pero en un instante no mayor a una millonésima de segundo, Marcel y sus pensamientos desaparecían para siempre, como para siempre desaparecía todo lo que le rodeaba. El jamás sabría que lo que los sensores detectaron tras la colisión eran los restos de un universo infinitamente pequeño que la máquina acababa de destruir.

Y jamás lo sabría pues, otro científico, infinitamente mayor que el, con una maquina infinitamente mayor y poderosa, creyendo destruir una partícula subatómica, en realidad acababa de destruir el propio Universo de Marcel, mientras buscaba la enigmática y esquiva Partícula de Dios, en el mayor acelerador de partículas jamás construido en su planeta.

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jueves, 29 de octubre de 2009

Brumas.


Brumas que ocultan lo que no existe
Caídas libres: despertares violentos
Mares oscuros que reclaman mi carne dormida
Figuras que escapan entre las sombras
Y ese perfume persistente que queda en la oscuridad flotando
Perfume de amores que podrían haber existido
En vidas vividas en mundos oníricos y etéreos
Llenos de ángeles, poblados de demonios
Y del cual yo siempre escapo
Al amanecer escapo…

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martes, 20 de octubre de 2009

Ultimo día juntos.


Ultimo día juntos
Tu mano y tu mirada en la mía
Con el deseo flotando entre ambos
Ahí, en esa mesa, deseándote a más no poder
Estoy frente a vos
Agazapado esperando, como un león a su presa
Como la tierra reseca mirando al cielo
Esperando por la lluvia fecundante y fresca

Te miro, y te espero, y el mundo no existe
No existe nada fuera de tu cuerpo
Ultimo día juntos
Te tengo allí enfrente
Solo una mesa nos separa
Pero las ganas nos unen, más que nunca
Me hablás, te hablo
Y siento tu aroma, que me envuelve,
Me marea
Me enciende por dentro
Provocándome, excitándome, enloqueciéndome
Ultimo día juntos
No te lo digo amor, pero te das cuenta
Que quiero poseerte, y que me poseas
Estiro mi mano para tocarte, tibio preámbulo
De cuando con toda mi piel
Acaricie todo tu cuerpo
No puedo aguantarme, sabes?
No puedo
Te quiero ya mismo en mi cama
Ya mismo quiero ser tu dueño
Y que, como mi dueña, conmigo hagas lo que quieras
Ultimo día juntos
No puedo esperar un minuto
Dejamos atrás la mesa
La cama nos espera
Al fin llegamos, al fin
Como una rosa que abre sus pétalos
Te me abrís entre mis brazos
Y te devoro, como a una fruta madura
Dulce y tierna que invade mi boca hambrienta
Quisiera tener mil manos y un millón de labios
Para utilizarlos en tu placer, en el nuestro
Ojalá este momento sea eterno que no exista la distancia
Que no existan las partidas
Ni los miedos
Ultimo día juntos
Mi boca come la tuya, desesperadamente
Locamente
Mis manos te recorren
Explorando, deleitándose
Con la curva de tu espalda
Con la tibia humedad de tu sexo
Mientras mi boca se extasía con la dulzura
De tus divinos pechos
Siento tus gemidos y yo mismo me siento
Ultimo día juntos
Te penetro y la vida vuelve a mi cuerpo
Nunca me sentí tan hombre
Como cuando sentí tu placer invadiendo mi sexo
Te penetro, y te beso
Y comprendo que hacer el amor no solo es placer físico
Es, sobre todo amor, ternura, cariño y fuego
Recién contigo lo entiendo
Y acabo, y al cielo asciendo
Y allí, con tu orgasmo, me estás esperando
Con tu cuerpo empapado de satisfecho deseo
Ultimo día juntos
Nos vamos, por un mar de sábanas desordenadas
Entre ojeras y besos
Que terrible bajar a la tierra
Luego de estar un instante en el cielo

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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Espejismos.


En el verano, sobre las carreteras recalentadas por el sol, creemos ver agua donde solo el asfalto existe. Espejismos que nos confunden, visiones que parecen estar allí, más cuando llegamos a ellas se esfuman en el aire.

Como en el aire se esfuman los espejismos de nuestras vidas. Cosas que perseguimos con ahínco, a veces por años, y que cuando las obtenemos, caemos en cuenta que no era lo que creíamos que eran. Corremos tras las visiones, nos esforzamos en busca de los espejismos, y por lo general, la decepción y el vacío es lo que encontramos al final de esa búsqueda.

Es que el hombre de hoy está viviendo más en función de sus sueños, que de sus necesidades, y esto no sería malo necesariamente. Pero sucede que por lo general esos sueños no son propios, son impuestos. Hemos dejado de buscar la felicidad donde realmente existe, para buscarla donde otros nos dicen que existe.

Y sucede que muy dentro de nosotros allí donde no llega la propaganda de los medios que nos incitan al consumo desenfrenado, ni las enseñanzas de los gurúes o los falsos profetas de la vida, vive latente la plenitud y la felicidad. Bastaría solamente con escuchar nuestro corazón para descubrir esa riqueza interior y despertarla de su latencia.

Y una vez descubierto esto veremos que no es necesario vivir los sueños ajenos para ser feliz, que solo seremos plenamente felices cuando nos aceptemos tal cual somos, sin aditivos externos, sin búsquedas frenéticas de los sucedáneos de la felicidad.

En definitiva, cuando aceptemos que no necesitamos comprar el bienestar, que éste puede estar esperando en nuestro interior, y que puede despertar de su letargo con el simple hecho de amar, o de sentirse bien con uno mismo.

En un mundo cada vez más material, en una sociedad cada vez más competitiva y masificada, se nos enseña a cada instante que es más fácil correr en pos de los sueños de las masas. Pero todo sueño que no nos pertenezca, que sea forzado por intereses que no son nuestros, no deja de ser simples espejismos.

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